C.I.E.N.
CENTRO INTERDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS SOBRE EL NIÑO
INSTITUTO DEL CAMPO FREUDIANO
Anna Aromí 1 plantea el Cien como un partenaire para la Escuela, explica que “fue un significante que inventó y propuso Jacques-Alain Miller para impulsar y acoger un nuevo tipo de iniciativas relacionadas a la infancia” 2
La labor del Cien se lleva a cabo a través de laboratorios de investigación . Cada uno de estos conforma un pequeño grupo estructurado alrededor de un tema o disciplina asociada a la infancia. Tiene la condición de ser interdisciplinario, es decir que debe existir profesionales de por lo menos dos disciplinas. Se ubica a uno de los miembros como coordinador o responsable que sostendrá la prosecución del trabajo.
Se habla, esencialmente, desde la experiencia particular. En Guayaquil, actualmente, están en funcionamiento tres laboratorios donde coinciden: psicoanalistas, psicólogas, maestras, tutoras, terapistas, etc. Usualmente se reúnen con una frecuencia quincenal.
Se realiza también, una reunión mensual de todos los laboratorios del Cien, en la Sede de la Nel. Este año se lleva a cabo el Segundo Conversatorio Interlaboratorios, que tiene como objetivo mostrar el trabajo realizado y proponer nuevas temáticas de investigación.
Los laboratorios abiertos hasta ahora son:
“Diágnostico vs. Etiquetas”
Alexandra de Cuntó (coordinadora)
“Autismo y Problemas de Comunicación”
Laura Noroña (coordinadora)
“Adolescencia”
Carolina de Piedra (coordinadora)
Comité del Cien
Philippe Lacadeé. Coordinador del Campo Francófono (Burdeos)
Judith Miller. Presidente de la Fundación del Campo Freudiano (París)
Beatriz Udenio. Coordinadora del Cien Latinoamerica (Buenos Aires)
Ana María Haddad. Coordinadora Cien (Guayaquil)
1./ Aromí, Ana. “Un partenaire para la Escuela”. Ornicar, España. 2005
2./ ibid
PENSAR CONTRA SI MISMO
Michel Foucault era un pensador francés, nació en 1926 y murió en 1984.
El nos plantea una filosofía que se interroga y que nos aporta otra manera de leer la realidad. Pone todo en cuestión sin reposo. Juega a problematizar donde otros dan respuestas generales o absolutas.
Su proyecto no era ofrecer soluciones, sino identificar y caracterizar problemas. El luchó valientemente contra modos convencionales de pensar y de conducirse, contra formas intolerables de poder social y político y contra aspectos intolerables de sí mismo.
Fue un metódico investigador de documentos históricos o de las comunes divisiones que hacemos entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso o lo normal y lo anormal o patológico.
¿Quién puede decir qué es lo normal?, ¿Me pregunto?
Ocurre que se identifica a la norma como “el promedio estadístico”. Decimos que una cosa es normal si puede asimilarse al término medio de lo que corresponde a su misma clase. Y es a causa del gran número, de lo numeroso, que lo normal se hace “normativo”. Es como una ley que nos empuja a hacer las cosas o a pensar como “todo el mundo”.
Evidente confusión entre lo normal y la moral. Moral de la normalidad. Moral-norma / amoral-anormal.
Foucault decía: “yo no quiera jugar el rol del que prescribe soluciones. Considero que el rol del intelectual hoy en día no es hacer la ley, proponer soluciones o profetizar, pues al hacer esto contribuye o participa del funcionamiento de una situación de autoridad o poder, que desde mi punto de vista, debe ser criticada”.
En una entrevista hecha por el periodista francés Roger – Pot Droit, nos dice:
RPD ¿Desea ser llamado historiador?
MF: Me interesa mucho el trabajo de los historiadores, pero yo quiero hacer otra cosa.
RPD: ¿Debemos llamarle filósofo?
MF: Tampoco. Lo que hago no es de ningún modo filosofía. Tampoco una ciencia, a la que se podría pedir las justificaciones o las demostraciones que tenemos el derecho de exigirle a una ciencia.
RPD ¿Entonces, cómo se definiría?
MF: Soy un artificiero. Fabrico algo que sirve, en definitiva, para un cerco, una guerra o una destrucción. No estoy a favor de la destrucción sino de que se pueda seguir adelante y avanzar, de que los muros se puedan derribar.
¿Qué es un artificiero? Es en primer lugar un geólogo, alguien que mira con atención los estratos del terreno, los pliegues y las fallas. Y, que se preguntará ¿Qué resultará fácil de excavar? ¿Qué resistirá? Es quien observa cómo se levantaron las fortalezas, escruta los relieves que se pueden utilizar para ocultarse o para lanzar un salto.
Foucault con sus textos produce una lenta y duradera corrosión de las certezas teóricas.
En sus textos: “Historia de la locura en la época clásica”, “El nacimiento de la clínica”, “Vigilar y castigar”, nos muestra históricamente cómo los mecanismos de control en una sociedad pudieron actuar en lo que se refiere a la exclusión de la locura, a la represión, a la prohibición de la sexualidad. Muestra cuales fueron sus agentes reales, como el entorno inmediato, como la familia, los padres, los médicos, los psicólogos, o psiquiatras, las instituciones educativas u hospitalarias. O cómo en esos mecanismos de poder para controlar la vida de los llamados “anormales”, en una coyuntura o momento precioso comenzaron a volverse económicamente rentables y políticamente útiles.
La necesidad que tiene la jerarquía burocrática y sus distintas instancias de ordenar los comportamientos sociales de los niños, los jóvenes, los locos y los pobres. Se llama “Bio-poder” (control sobre la vida), que es lo que hace el Estado para regular la vida.
A partir del siglo XVIII, el niño, el enfermo, el loco, el condenado, pasaron a ser cada vez más objetos de descripciones, identificaciones, exclusiones o aislamientos. Por ejemplo cuando Foucault nos habla del “niño indócil” denuncia como es sometido a un procedimiento de psiquiatrización. Sabemos aquí que hay familias enteras enganchadas a estos procedimientos de medicalización, efectos de diagnósticos de moda y que buscan un mercado: “depresivos”, “ADD”, “hiperactivos”, “hiper-reactivos”, “anorexias”, “bulimias”.
Se hace de las etiquetas diagnósticas un modo de vida. Sin preguntarse qué quiere decir el niño con ese malestar en el cuerpo.
Sabemos que existe todo un lenguaje sobre la enfermedad. Pretendiendo medicalizar lo anormal en busca de lo normal.
En cuanto a los adolescentes se pretende juzgar sus comportamientos desde una moral que establece rígidas fronteras entre el bien y el mal. Se los moraliza o sanciona, no dejándoles más opción que la sumisión o la rebelión.
Cuando el adolescente se muestra rebelde, cuando interpela la autoridad de los adultos, cuando se escapa o se muestra violento: ¿Qué está diciendo? ¿Qué hay que hacer? ¿Afianzar más los criterios normativos?........O pensar en su comportamiento como en un conjunto de indicadores que dicen que pasa algo, que hay un malestar.
Michel Foucault nos abre las puertas de la historia para el dominio de la ética, entendida como una problematización de las conductas con sus prácticas e ideales.
Decir a “contra corriente” o “a través de la corriente”, posición difícil. Estar en un lugar de resistencia. Porque querer la concordia por la concordia es ocultar la realidad. La concordia puede ser una autoinmnolación para el beneficio de algunos y también de ocultamiento de las relaciones de autoridad, poder y control implícitas.
Mónica Ramírez de Aguirre
¿SABEMOS ESCUCHAR A LOS ADOLESCENTES?
El presente trabajo tiene que ver con la demanda a un psicólogo clínico dentro de una institución educativa, demanda de parte de las autoridades, profesores, padres de familia y de los acuerdos ministeriales, que esperan actividades de orden educativo que produzcan efectos inmediatos, sin tomar en cuenta la particularidad de los adolescentes como si la respuesta fuese para todos la misma.
Se trata aquí de una propuesta diferente, en la que se tome en cuenta la particularidad del adolescente.
Existe un nuevo “acuerdo” del Gobierno, a través del Ministerio de Educación y Cultura que estipula la institucionalización de la enseñanza de “educación sexual” en los colegios secundarios. En los colegios particulares y en aquellos en los que existe un Departamento de Orientación y Bienestar Estudiantil (DOBE) hablar sobre sexualidad no es un tema nuevo o que llame la atención. Sin embargo el hecho de que se estipule un “acuerdo ministerial” hace repensar la labor que se realiza en una institución educativa.
A partir de este nuevo acuerdo, y respondiendo además a una demanda de una dirigente de estudiantes de 16 años, quien estaba preocupada por cierto malestar que se suscitaba con respecto de los llamados “vaciles”, y preocupada además del tema de las “relaciones sexuales prematuras”, propongo evaluar la información impartida sobre sexualidad a estos estudiantes, quienes cursan el cuarto año o propedéutico, los mismos que durante sus tres años anteriores habían recibido una información pertinente acerca del tema desde distintos enfoques: un enfoque científico como es CCNN, religioso en Educ. para la Fe, un enfoque social que tiene que ver con las normas, comunicación, dilemas morales, etc. en Desarrollo Personal y también desde un enfoque analítico de la etapa por la que atraviesan los adolescentes, en Orientación.
Se aplicó una evaluación anónima a los estudiantes de tres paralelos y las preguntas fueron las siguientes:
¿En qué materias ha recibido ud. información sobre “sexualidad” o “educación sexual”?
A más del colegio, en ¿qué otras fuentes ha obtenido ud. información sobre la sexualidad: padres, parientes, libros, TV, etc.?
¿Le pareció que la información recibida fue a tiempo, muy prematura, demasiada información para la época o que era incompleta?
¿Le gustaría recibir más información sobre este tema, con qué enfoque, de qué le gustaría hablar?
A la primera pregunta las respuestas fueron bastantes equitativas, a pesar de que en la pregunta no se sugería ninguna materia, ellos recordaron haber recibido la información en CCNN, Orientación, y Desarrollo Personal. En menor escala recordaron haber recibido la información en Educ. para la Fe, y uno que otro respondió además haber recibido esta información en otras asignaturas como lenguaje, y EESS.
Sobre otras fuentes de dónde obtuvieron esta información mencionaban a padres y parientes cercanos, en la iglesia o en la congregación religiosa donde asisten, en libros y en poca escala mencionaron a amigos o programas de televisión como fuente de información sobre este tema.
A la tercera pregunta sobré si la información fue pertinente, la mayoría respondió que sí fue pertinente, que la información llegó a tiempo porque les aclaraba muchas dudas en el momento que las recibían, pocos opinaron que les pareció demasiada información para cuando cursaban primer año. (12 años).
En la última pregunta acerca de si les gustaría volver a recibir información sobre este tema las respuestas fueron muy variadas y oscilaban entre:
-A pesar de tener suficiente información nunca está demás recordar la misma, especialmente porque algunos de sus amigos toman la información como un chiste y no como algo serio.
-Algunos opinaban que les gustaría recibir más información pero sin enfoque moralista y que les den la información tal como es, sin esconder nada.
-Otros opinaban que está bien que se dé la información pero que además que les digan a todos lo que “no” se debe hacer. El pedido era “dígannos en público que una posibilidad es la abstinencia y que eso no tiene nada de malo”.
-Un solo estudiante anotó lo siguiente: no entiendo la diferencia entre “sexualidad y relación sexual”.
En el pedido acerca de qué enfoque darle a futura información predominaba el tema de las “enfermedades de transmisión sexual” y sobre los “métodos anticonceptivos”.
Después de la evaluación se retiraron las hojas con las respuestas y se dio paso a un breve diálogo (el tiempo que sobraba de la hora clase), diálogo que ellos iniciaron y cuya única regla era que “el que deseaba hablar pide la palabra, y no todos hablan al mismo tiempo”, pues se detectaba la necesidad de todos para expresarse. Una vez terminada la hora hubo el pedido de que la conversación continuara.
La apreciación o interpretación que se pudo obtener era de que existía un claro conocimiento acerca de la información que se puede transmitir sobre la “sexualidad”, que quizás la información no estaba del todo ordenada de tal manera que daba lugar a confusión de conceptos y que había una gran presión con respecto a la “actividad sexual” ejercida entre los jóvenes ya sea por la moda, en la que se puede advertir la influencia de los medios de comunicación.
La propuesta fue entonces continuar con la conversación intentando ordenar los conceptos sobre “pubertad, adolescencia y sexualidad”. La respuesta de los tres grupos frente a este planteamiento fue totalmente diferente. En uno de los paralelos persistió el tema de los vaciles y de no ser “segregados” si no están en esa onda; en otro paralelo la insistencia fue sobre las relaciones sexuales, el aborto, adopción y sus posturas frente a esta temática. En el último de los paralelos no se podía avanzar con el tema pues había otro que les preocupaba más y era el hecho de su dificultad de obtener buenos resultados académicos debido al mal comportamiento de un grupo de varones de su aula. Se dio paso a estas conversaciones sin presionar, dejando libertad para hablar y permitiendo a cada uno de ellos expresarse y al mismo tiempo escucharse para llegar finalmente a sus propias conclusiones.
Como resultado de esta intervención lo que se logró fue un efecto apaciguador en el grupo, y que podría ser temporal. Podemos darnos cuenta además de la necesidad de hablar en los adolescentes y no precisamente acerca del tema de sexualidad.
Hasta aquí la intervención con los grupos.
¿Qué tiene que ver esto con el trabajo de laboratorio de Adolescencia en el CIEN?
El trabajo en el laboratorio de adolescencia no trata de tomar una postura frente a la sexualidad o cualquier otro tema sino de escuchar, leer, investigar qué se dice y cómo se abordan los distintos temas, relacionarlos con lo que sería la realidad de los adolescentes en las instituciones en las que se labora, e intentar encontrar la mejor manera de abordar las diferentes situaciones.
Encontrar “la mejor manera y ponerla en práctica” es una tarea difícil, pues la tendencia de la mayoría de los profesores o de la institución educativa y de los acuerdos ministeriales es dar respuesta e imponer un criterio. Una de las conclusiones dentro del laboratorio fue considerar que el Dobe, dentro de las instituciones educativas, debería ser un espacio diferente, el mismo que no solo se dedique a trabajar con el mal-estar de los adolescentes sino también un espacio para el bien-decir, para que el otro, en este caso los adolescentes exprese su deseo, y sea esa palabra, la que en realidad juegue un papel importante, que sean sus interrogaciones las que principalmente surjan entre estas otras voces.
El trabajo en el laboratorio nos permitió, cuestionarnos acerca de este tema: ¿Qué es la sexualidad? ¿Por qué es importante hablar de sexualidad a los adolescentes? ¿Por qué cuando se refiere al tema de la sexualidad se piensa en los adolescentes y no en otro grupo como por ejemplo universitarios? ¿De dónde proviene el pedido de información sobre el tema de la sexualidad, de los adolescentes, de los padres, de la institución educativa, del gobierno? ¿Es posible educar la sexualidad?
Todas estas preguntas nos remitieron a dialogar sobre el tema de Pubertad y la Adolescencia, con sus correspondientes cambios fisiológicos, físicos, sociales y psicológicos. En todo texto que leemos acerca de pubertad y adolescencia encontraremos referencias a todos estos cambios, entonces estamos conscientes de que se trata de una etapa de transformaciones, se pasa de la infancia y se está en un proceso de cambios que no termina sino llegada la adultez o madurez.
En la implementación de la “educación de la sexualidad y el amor”, en general, se hace énfasis en los cambios corporales, se insiste sobre el derecho a tomar decisiones libres y responsables sobre la vida sexual de las personas; se habla sobre prevención de embarazos, infecciones de transmisión sexual (ITS), VIH/SIDA, maltrato, abuso sexual, tráfico y explotación sexual. Todo esto tomado como “información” está bien porque la información es necesaria, pero nos preguntamos si finalmente la información así impartida es la que lleva a los adolescentes a no poder diferenciar entre “sexualidad” y “relación sexual”.
Se da énfasis en la prevención, en lo que se podría llamar el tiempo de concluir, y no en el tiempo de “ver”, es decir en este “darse cuenta” de la etapa por la que ellos están atravesando, pero no como un cuerpo de la ciencia, sino un darse cuenta de las transformaciones de sus propios cuerpos de tal manera que se llegue a la etapa de “comprender”, comprender exactamente que ellos son parte de esta transformación, esto toma su tiempo para luego “concluir” que de lo que se trata es de la responsabilidad sobre sus propios cuerpos, de poder canalizar su propia sexualidad y la responsabilidad de sus elecciones.
Desde un enfoque psicoanalítico, el despertar de la sexualidad es rasgo fundamental de la adolescencia. Esta sexualidad es algo que irrumpe y que nos es desconocido, que es difícil explicarlo con palabras. Con lo que se encuentra el sujeto adolescente es con su “deseo sexual”, Freud la llamaba “libido”, y sería una irrupción en el sujeto a lo que no sabe cómo responder, se trata en esta época de asumirse como hombre o como mujer, se trata de reafirmar su elección de objeto, porque esta elección ya está hecha desde la infancia, se trata de la relación con el Otro, además de canalizar esta sexualidad de la mejor manera posible.
Ana María Haddad A.
TRAZOS
Nueva Red Cereda
El día sábado 27, en la reunión de Trazos, Rosa Gómez expuso el caso de una niña cuyo diagnóstico hacía suponer autismo. Mostró como la acogida por parte de la escuela y las intervenciones tendientes a libidinizar el cuerpo favorecieron la construcción de la imagen especular defectuosa que la niña traía.
Se discutieron algunas hipótesis:
l. la imagen en el espejo como logro y producto de la relación con el Otro;
2. las consecuencias de la ausencia de reconocimiento de parte del Otro;
3. la imagen especular como instrumento operatorio para organizar el mundo;
4. el acceso al saber a partir del punto anterior;
5. intervenciones del psicoanalista en la institución escolar.
La expositora producirá un documento en torno al trabajo realizado, lo cual será un aporte para el trabajo de investigación que lleva a cabo Trazos.
Mónica F.C. de Espinel
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